2 ene. 2012

Cuando la esperanza se vuelve pérdida

Cuando en LWB empezamos con nuestros Fondos de Unión Médicos, lo hicimos con la esperanza de que pudieramos realmente evitar que muchos niños fueran huérfanos. Debido a nuestro trabajo en China supimos que muchos padres abandonan a sus hijos nacidos con necesidades médicas cuando no pueden sufragar las operaciones que necesitan. A nuestros managers se han acercado rogando muchísimas veces padres campesinos sin recursos para ingresar a sus hijos en el hospital, que con desesperación decían "os daremos a nuestro hijo si salvas su vida." Solo hay una palabra para describir lo que hemos visto en los ojos de demasiados padres campesinos cuando no pueden ayudar económicamente a sus hijos: Desesperación.

Como madre de siete hijos, por supuesto los he tenido enfermos muchas veces, y en algunas ocasiones concretas, han estado gravemente enfermos. Algunos de vosotros quizá recordéis que uno de mis hijos tuvo un traumatismo muy severo en la cabeza, con dos áreas de su cerebro con hemorragias. Recuerdo haber sentido que no podía respirar, que mi corazón parecía no poder palpitar del todo mientras esperaba que me dieran noticias... Así que cuando recibimos solicitudes de familias desesperadas pidiendonos que operemos a sus hijos para poder salvarles la vida, siempre pienso en lo que los padres deben sentir sabiendo que para vivir, su hijo necesita ser operado pero sabiendo que no tienen los medios económicos para hacerlo.

He tenido la enorme fortuna de haber podido conocer en persona a algunas de estas familias en mis viajes a China. Sobretodo recuerdo a un padre campesino que me esperó todo un día para poderme dar las gracias, a lo que yo intenté decirle una y mil veces que no era necesario. LWB pudo operar del corazón a su hijo de dos años que estaba gravemente enfermo, y el padre amaba tanto a su hijo que sus sentimientos llenaban la habitación. El padre no sabía escribir, así que vino en persona para decirme lo que significaba para su familia saber que su hijo ahora podría crecer sano. No cesaba de decirme lo listo que era su hijo, y lo determinado que estaba en que su hijo recibiera una educación para que pudiera tener una vida mejor. Fue uno de esos momentos de cura de humildad sin parangón.

Este año pasado, nuestros Fondos de Unión han ayudado a 26 familias a salir de su desesperación. Y hemos celebrado y agradecido cuando estas familias dejaban el hospital con sus hijos al fin curados y con una segunda oportunidad.

 

Sin embargo, esta semana pasada he tenido que enfrentarme a la realidad de que, a veces, nuestras mejores intenciones no son suficientes. Hemos conocido a Fu Xiang cuyos padres son granjeros extremadamente pobres de la provincia de Shaanxi. Sobreviven con menos de 75 céntimos diarios. Su madre tiene parálisis cerebral y cuando dio a luz a un niñito con una cardiopatía, sabían que no tenían modo alguno de curarle. Con cinco años, Fu Xiang era muy pequeño y estaba muy débil, pero tenía una sonrisa que le iluminaba. Sus padres supieron de una organización extranjera que ayudaba a los niños necesitados y entonces dejaron su granja para ir a la ciudad a presentar una solicitud. Cuando les dijeron que nosotros primero necesitábamos reunir los fondos necesarios para operar a su hijo del corazón, nos dijeron que esperarían cerca del hospital hasta que hubiera noticias todo el tiempo que fuera necesario. Porque finalmente tenían renovadas esperanzas de que su pequeño niño tendría su segunda oportunidad... así que dijeron que no se moverían hasta que supieran si podríamos o no aceptarle para operarle.

Los niños de un colegio en Holanda supieron de Fu Xiang y se pusieron a recaudar fondos para ayudar a su operación, y la ALEGRÍA en la cara de su madre cuando supo que podía ser operado, era algo palpable. El día 27 de diciembre FuXiang entró en quirófano donde le estuvieron operando durante siete horas y luego le trasladaron a la UCI. Como madre, esa noche me senté y reconocí en mi corazón todas las emociones que la madre de Fu Xiang estaba sintiendo mientras esperaba y le miraba tras el cristal de la UCI, enchufado a tantas máquinas. Nuestros voluntarios y simpatizantes le llevaron en sus pensamientos o rezaron para que se recuperara bien.

Y entonces recibimos la terrible noticia de que había fallecido durante la noche.

Para mí es muy duro siquiera pensarlo, porque no hago más que pensar en su madre y en su padre... y en la esperanza que tenían de que por fin su precioso hijo podía sanar. Y como madre que soy, ese sentimiento me es demasiado intenso para poder sentirlo en su totalidad, y me duele mucho saber que no hay nada que pueda devolverles a Fu Xiang. Como me gustaría poder estar con ellos, poder coger las manos de esta madre y abrazarla, y decirle lo mucho que todos lo sentimos... Como me gustaría que hubiera alguna forma de consolarla. Pero sé que en este momento no es posible, pues ha perdido lo que más amaba en su vida... a su único hijo.

Esta semana me he hecho a mi misma una y otra vez la vieja pregunta de por qué pasan cosas tan malas a la gente tan buena y amable, y por qué una vida se salva y otra no... Por supuesto no tengo las respuestas... Por alguna razón hemos podido ayudar a otras 25 familias a dejar el hospital con alegría, pero la familia de Fu Xiang lo ha tenido que dejar en completo dolor. Se nos desgarra el alma por ellos.

Y las solicitudes de ayuda siguen llegando, y las familias campesinas siguen contactando con nosotros con la misma desesperación deseando que sus hijos tengan una oportunidad de vivir... Una de las familias vive en una cueva, otra se las ha arreglado para vivir y comer con tan solo 50 céntimos diarios, pero todas comparten la agonía de querer ayudar a sus hijos a sanar. Y mientras seguimos adelante con nuestros Fondos de Unión, nunca olvidaremos a aquellos cuyas vidas terminaron demasiado pronto. El tremendo dolor de perder un hijo como Fu Xiang, nos hace comprometernos aún más en ayudar a mantener tantas familias como podamos unidas. Nunca debemos perder de vista el poder de la esperanza ni dejar de creer que al final, el amor definitivamente gana siempre. Incluso cuando nos enfrentamos a estos momentos de dolor que no tenemos modo de comprender.

 


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