28 sept. 2016

Camboya: 2ª parte

Cuando investigaba sobre algunos de los problemas a los que se enfrentan los niños del sudeste asiático, me encontré un libro escrito por el doctor Robert Spires sobre la prevención del tráfico de personas. El Dr. Spires es un profesor en la Universidad Valdosta State, y mucha de su investigación la ha realizado en esta zona del mundo. Fue muy amable accediendo a tener una videoconferencia conmigo donde pudo responder a muchas de mis preguntas, y cuando se acababa nuestra conversación, me dijo: "¿Te importa si te hablo de un trabajo increíble que se está haciendo para los niños de Camboya?" Y así es como conocí a Sokleng In, un joven que vive en Camboya y que es una de las personas más impresionantes que he conocido en mi vida.
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Leng y su preciosa familia
Leng tiene uno de esos rostros en los que se ve la bondad claramente, y a los pocos minutos de conocerle en persona en la frontera camboyana la semana pasada, supe que este iba a ser un viaje muy especial. Cogimos enseguida un tuk tuk (un bicitaxi pero con moto en lugar de bici) y fuimos a visitar el primer proyecto que él había establecido en 2014, la escuela EASEL (caballete) principal. Aquí vienen cientos de niños esperando poder mejorar sus vidas a través de la educación.
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En cada espacio que vimos había niños, y Leng había alquilado más aulas en la calle de enfrente para acomodar al creciente número de niños que asistían y que seguían llegando. Los niños de la primera clase que vimos tenían que sentarse en el suelo todos los días porque cada pupitre casero estaba cogido (Leng y sus amigos construyeron los pupitres ellos mismos).
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Leng me dijo que la escuela funciona siete días a la semana, desde la mañana a la noche, porque hay muchos niños que están desesperados por asistir. Intenté imaginar a mis propios hijos deseando ir al colegio todos los días... En EEUU muchos niños rezan a diario para que no haya cole por cualquier razón y damos por sentado el acceso al poder de la educación.

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En Camboya las escuelas públicas son gratuitas, pero hay tasas obligatorias para los uniformes y los libros, y muchos profesores no enseñan conocimientos fundamentales a no ser que el alumno pague una "tasa del profesor" (a menudo cara). Para las familias que viven en la pobreza más extrema, estas tasas hacen imposible que nos niños puedan estudiar.

Además, y como ya dije ayer, Camboya tiene una de las tasas más altas de trabajo infantil del sudeste asiático, con demasiados niños abandonando los estudios para trabajar y ayudar así a sus familias. Las niñas son especialmente vulnerables y, tristemente, en muchas de las zonas rurales se casan antes de los 15 años. Y como ya debería ser sabido por todo el mundo, una de las formas más permanentes de impactar en las comunidades e incluso en los países, es a través de la educación de las niñas. Y es en esta área tan especial en la que pude ver el increíble programa que Leng empezó el año pasado.
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Leng empezó un proyecto innovador llamado MERCY (gracia) que son las iniciales de “Mobile Education through Remarkable Cycling Youth.” ("Educación Móvil a través de Notable Ciclismo Juvenil")
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Leng me dijo que la única esperanza que los niños sin recursos realmente tienen es acabar el instituto y en estos momentos ayuda (con dinero en su mayor parte de su propio bolsillo) a 40 adolescentes a seguir estudiando la secundaria.

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Leng ha animado a cada uno de ellos para que tomen un papel activo en construir sus comunidades y ser los líderes del mañana, y las niñas son mayoría en este grupo. Estos adolescentes no sólo trabajan en la escuela EASEL enseñando a los niños más pequeños a diario, sino que también son voluntarios todos los fines de semana, montados en sus bicis, para visitar pueblos llevando educación y los artículos necesarios a los niños que viven en el campo.
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Enseñan a leer, enseñan higiene y aleccionan sobre el tráfico de personas, y trabajan juntos en proyectos como la distribución de arroz y sobre la potabilidad del agua a los pueblos que lo necesitan.

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He podido pasar varios días con estos jóvenes tan notables, muchos de los cuales vienen de lugares muy duros. Su dedicación para asegurarse de que los niños más pequeños de la zona escapan a la vida de pobreza, fue algo muy aleccionador.

Aquí tenemos esta cita de Henry Taylor que dice "El mundo no sabe nada de su gente más grande". Y definitivamente yo he llegado a conocer a algunas de estas personas en mi viaje a Camboya.
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Mañana quiero hablaros de un camino muy lluvioso y embarrado para llegar a dos pueblos muy rurales cerca de la frontera con Tailandia, y estoy muy ilusionada sobre los proyectos que podemos hacer juntos aquí. Me encanta la idea de trabajar con los adolescentes locales de esta región para asegurar no sólo que pueden cumplir sus propios sueños de tener una educación sino también impactar directamente a las futuras generaciones. Creo que este importante ciclo de ayudarse unos a otros puede de verdad levantar un pueblo entero a largo plazo, si nos atrevemos a creer en el poder de las mentes jóvenes.
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¡Mañana más!

~Amy Eldridge, Chief Executive Officer

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