8 nov. 2012

Miércoles de sabiduría: la adquisición del lenguaje

Hace dos años dimos la bienvenida a la guapísima Emma Kate YuXiao a nuestra familia. Tenía cinco años y medio en aquel entonces y hablaba un dialecto del mandarin. Éramos unos aunténticos desconocidos para ella, y le debíamos sonar como patos! A pesar de que nos habíamos esforzado en aprender un poco de mandarín antes de ir a China, no había nada que pudíeramos hacer puesto que no sabíamos absolutamente nada de su idioma. Su valentía y su coraje todavía nos dejan sin habla.

Por suerte, teníamos algunas herramientas clave con nosotros para ayudarnos con la comunicación en los primeros días y meses, y nos vinieron muy bien. Esta lista incluye algunas de las cosas que hicimos, pero hay muchas más, es para que veáis un poco algo de lo que hicimos para comunicarnos:

1) Cuando conocimos a Emma, nuestra guía les pidió a las cuidadoras del orfanato que nos dijeran algunas frases concretas relacionadas con las cosas cotidianas, como por ejemplo, "necesito ir al baño", y "tengo hambre". Como hablaban un dialecto local, queríamos saber este tipo de cosas puesto que nuestra guía bien podía no saber decirlas. Hicimos una copia de nuestra lista de palabras y frases y la llevábamos encima en todo momento. Echábamos mano de ella muy a menudo. En serio, muy a menudo.    

2) Llevábamos dos cosas en el bolso para ayudar a Emma a decirnos qué es lo que quería o necesitaba, y que nos ayudaron mucho en la comunicación. Una era un juego de cartas con fotos-dibujos en ellas. Las fotos se clasificaban por grupos que incluían verbos para describir acciones cotidianas como: dormir, comer, o correr; e imágenes que mostraban emociones como: feliz, triste, risa, llanto. Emma solía mirar las cartas para decirnos las cosas, y las llevábamos unidas por anillas para facilitar su uso. También nos llevamos una máquina traductora a la que accedíamos a través de nuestros teléfonos. Esta herramienta fue lo que marcó una enorme diferencia para nosotros. La usábamos en China y también en casa durante las primeras semanas, y la usábamos todos los días y casi todas las horas. A pesar de que Emma hablaba un dialecto, solía entender lo que el traductor le decía. Fue una herramienta muy valiosa para ella y para mí sobretodo cuando todo el mundo en casa volvió a la rutina del trabajo y el colegio, y ella estaba asustada y confundida. Yo decía algunas frases concretas todas las mañanas cuando dejábamos a los demás en el cole, asegurando que todo el mundo volvería a casa y que papá estaba en el trabajo y que volvería a la hora de cenar. Estas pequeñas frases vitales nos ayudaron mucho en las primeras semanas, cuando la barrera en la comunicación era muy grande y nosotras éramos dos absolutas desconocidas la una para la otra que se estaban conociendo. Eso y... las pantomimas. Nunca subestiméis el poder de una pantomima para decir un montón de cosas! Y no pierdas ni un segundo preguntándote si estarás ridiculo en público haciendo gestos y movimientos... porque no lo estarás!

3) La verdad real es que el corazón no necesita un idioma específico. Tiene su propia voz y su tono, y suena verdadero aunque hables en inglés, en mandarín, o en cualquier dialecto. Hubo mucho comunicado a través de miradas amables por mi parte, o asustadas por parte de ella. Su padre tocándole levemente el hombro para darle seguridad, o en brazos cuando su miedo nos decía más que cualquier palabra que pudiera usar. Estar disponibles y conectar emocionalmente con Emma nos facilitó entender sus necesidades y deseos. Hubo muchas veces en las cuales ni siquiera necesitamos palabras para decirnos algo, incluso al principio de la convivencia. Con el tiempo, según nos hemos ido conociendo más profundamente, estos métodos de comunicación aún persisten. Hablamos como cotorras si queremos pero por lo general, nuestra mejor y más profunda forma de comunicar es cuando nos damos la mano y nos miramos, o con un abrazo reconfortante, o con el brillo de amor en nuestros ojos. Y lo que sigue dejándonos sin aliento es ver ese amor reflejado en los suyos también. Nosotros, que éramos unos desconocidos para ella, ahora somos conocidos. Y más que ninguna palabra que le hayamos podido decir, lo que más le dice es el que estemos ahí todos y cada uno de los días, siempre y para siempre con un inquebrantable amor por ella que le ha ayudado a aprender el lenguaje de una familia. El amor gana. Emma nos ha enseñado eso de una manera preciosa.

Tenemos unos recuerdos muy queridos y preciosos de nuestros primeros días juntas, en nuestra familia de siete, y de como se ha ido tejiendo el aprendizaje mutuo. Hay momentos desternillantes mezclados con otros de mucha tristeza y duelo en ella. En esos momentos, no eran las palabras lo que nos llegó, era el amor que sentíamos por ella en nuestros corazones, y lo precioso de arroparla bajo el cuidado y la comodidad de la familia. Y para eso hay un idioma propio que no contiene ni una sola palabra. Ella nos entendió perfectamente y nosotros a ella también.

~Sara Silburn, Co-Cordinadora de la Escuela Cree En Mi de Jinjiang

 

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