18 dic. 2012

Encendemos una vela


Sé que las noticias sobre Connecticut nos han herido el corazón a todos. No es posible poner en palabras el dolor y la tristeza que todos sentimos cuando nos enteramos de que la vida de un niño se ha acabado. Se supone que nunca debería ser así. Este fin de semana encendía la televisión para apagarla minutos después, ya que me era demasiado doloroso escuchar los nombres y las historias de los pequeños de seis y siete años que murieron.

Los que seguís nuestro trabajo sabéis que encendemos velas cuando un bebé o un niño de nuestros programas fallece. Esta tradición empezó porque para nosotras, aunque sea un gesto muy pequeño, era algo que sentíamos que podíamos hacer en honor de su memoria, en honor de su vida, para recordar que sus vidas importaron. Este fin de semana encendí mi vela en memoria de los 20 niños de Connecticut cuyas vidas fueron robadas. Acompaño en el sentimiento a sus familias mientras intentan comprender esta tragedia. La triste realidad es, no obstante, que en esta tierra todos y cada uno de los días más de 20.000 niños pierden la vida. Todos y cada uno de los días... Por pobreza, por hambre, por enfermedad, y sí... por abandono y por violencia. La mayoría de esos niños nunca estarán en los titulares de los periódicos, pero también se merecen que les lloremos y que lamentemos su pérdida. Creo que en momentos como este, en que nuestros corazones están destrozados por la enormidad de la pérdida, hemos de comprometernos de nuevo a hacer de este mundo el mejor lugar posible para los niños. Mientras nuestros corazones duelen y nuestras lágrimas caen, deberíamos prometernos a nosotros mismos que haremos lo posible por escuchar mejor, por abrazar más rato, que haremos lo imposible por ayudar a los que sufren... Podremos entonces encender nuestras velas en la oscuridad y saber que un mundo mejor, un mundo más amable, empieza con cada uno de nosotros.

~Amy Eldridge, CEO. Directora Ejecutiva



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