24 oct. 2015

Dejados atrás: la historia de un niño

Dimen Guizhou
Ayer escribí sobre mi visita al Guizhou rural de este pasado verano. El último día del viaje coincidió con las regatas anuales de los barcos dragón de los Miao, una de las fiestas Miao más grandes que se celebran cada año. Gente de más de veinte pueblos se reunen para celebrar este día tan especial, todos vistiendo los trajes tradicionales, así que por supuesto quisimos ir.

Miao festival
Miao woman
Miao man
Miao moms
Cuando llegabamos a la ciudad donde tendría lugar la fiesta, nos fijamos en un niño que caminaba despacio por la carretera de barro con su bisabuela. Ella caminaba encorvada, doblada por completo a la altura de la cintura, vistiendo su traje tradicional Miao. He visto mucha gente en esta región permanentemente encorvada formando casi un ángulo de 90º, y he sabido que es debido a pasarse toda la vida trabajando en los campos de arroz.

El niño se había parado para hablar con su abuela y era obvio que habían venido de muy lejos y estaban pensando cómo podrían terminar los últimos kilómetros que les quedaban hasta el pueblo. Tenían a su lado un hatillo y parecía que el niño luchaba por decidir si cargar con sus posesiones o si dejarlas y ayudar a la abuela a caminar por esa carretera tan llena de baches y obstáculos.
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Nos acercamos a ellos para ver si podíamos ayudarlos de algún modo, y el niño nos miró y de pronto estalló en lágrimas. Su cara reflejaba tal desesperación que mi corazón se me alteró de inmediato. La abuela entonces nos miró y también ella se puso a llorar. Me cogió la mano mientras nos hablaba en su lengua, que ninguno entendíamos, pero no necesitamos traducir sus palabras pues era obvio que estaban llenas de un profundo pesar.

Entre sollozo y sollozo el niño nos dijo que su padre se había ido de casa hacía muchos meses para buscar trabajo, pero que hace poco les llegó la noticia de que había muerto en algún lugar del este aunque nadie les ha dicho cómo o qué fue de él después de su muerte. Su madre también emigró al este en busca de trabajo, así que él era un niño 'dejado atrás' para cuidar de sus abuelas. El día que le conocimos estaba tratando de llevar a su bisabuela desde su minusculo pueblo en las montañas, a casi 20 kilómetros de distancia, hasta casa de su tía en la gran ciudad de la ribera. Creo que el peso de tamaña responsabilidad en sus hombros de diez años fue demasiado ese día para él, así que cuando le preguntamos si estaba bien no pudo remediarlo y se echó a llorar.

Cogimos el bulto que llevaban, que pesaba casi 15 kilos, y lentamente nos dirigimos al centro de la ciudad, agarrando bien el brazo de la abuela para ayudarla. La abuela no hablaba mandarín, sólo miao, y lloró todo el camino hasta la ciudad.
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Por fin llegamos a la casa de la tía y cuando pudimos dejar a la abuela bien acomodada, preguntamos al niño si le gustaría pasar algunas horas con nosotras enseñandonos los alrededores. Le gustó mucho la idea y le alegró de podernos enseñar cosas sobre las costumbres Miao.
1miao
Nos contó que todos los años, los hombres de cada pueblo sacan las cabezas sagradas de dragón y las llevan al río donde las colocan en las canoas ceremoniales. Cuando las embarcaciones están ya montadas se lanzan fuegos artificiales para dar suerte en la carrera. También se matan gansos y se cuelgan de las cabezas de dragón para atraer a la buena fortuna. Supimos que cuanto más antiguo fuera el barco de dragón, menos gansos se necesitaban. Los pueblos que compiten con un barco nuevo, recién construido, necesitan que todas las familias que lo habitan pongan un ganso cada una. Así me resultó fácil saber lo nueva que podía ser una embarcación, sólo tenía que contar el número de gansos que llevaban en la proa.
New Miao dragon boat lots of geese 
Un barco dragón bastante nuevo
Old boat no geese 
Un barco dragón viejo
 Cada pueblo lleva su embarcación río abajo hasta el comienzo de la carrera, con los hombres vestidos con lo trajes ceremoniales que son de color azul oscuro, cinturón de plata y sobrero dorado.
Indigo Miao outfits with silver belts
Fue emocionante ver cómo según iban llegando las embarcaciones de cada pueblo se prendían fuegos artificiales en esta parte del río también. Nuestro nuevo amigo nos dijo que cada pueblo necesita de un muchacho joven que les represente en el barco y que se pasa toda la travesía tocando el tambor. Él había sido invitado para representar a su pueblo este año y vestir la plata ceremonial, pero su abuela estaba muy asustada temiendo perderle, y le prohibió hacerlo. Mientras nos lo contaba, se podía ver lo mucho que habría deseado tener el honor de poder representar a su pueblo.
child drummer Miao dragon boat  
Niño tambor vestido con la plata ceremonial

Cuando la embarcación de su pueblo llegó a la carrera nos pusimos a vitorearlos fuerte y de pronto la multitud se puso a gritar porque habían volcado (vale, puede que su abuela tuviera mucha razón prohibiendole subir). Los hombres se metieron en el río, con sus pesados trajes azules, y tardaron un buen rato en dar la vuelta al barco. El tiempo corría en su contra pues todavía tenían que volver a colocar la cabeza de dragón a tiempo para el evento.

No tenían mucho tiempo para arreglarlo todo, de pronto escuchamos muchas risas y vimos que los hombres de su pueblo se habían quedado en ropa interior para poder llegar a tiempo. Los trajes ceremoniales son muy pesados y engorrosos si se mojan, así que decidieron ganar unos minutos para la regata quitándoselos. Los vítores del público fueron tremendos viendo a los hombres remar y reírse de sí mismos también.
Miao dragon boat Rowing in underwear 
Estos no son los trajes típicos usados en los barcos dragón

La zona del río estaba atiborrada de gente así que nos quedamos sin podernos mover en la orilla. Me tocó sentarme al lado de un pato muy enfadado que estaba en una bolsa de tela y que parecía notar que iba a ser la cena de alguien esa noche, después de las celebraciones al acabar la regata. Me encantó poder ver los distintos tocados de las mujeres miao que tenía cerca, y me dijeron que eran distintos según del pueblo que fueran.
Miao head covering
Miao hair
Mientras esperábamos que empezara la regata, nuestra directora médica Cindy se había llevado al niño al mercadillo de al lado para comprarle algo de comer. Cuando volvieron, estaba como loco de contento porque también le había comprado una caña de pescar. Nos dijo que iba a poder pescar un montón de peces para sus abuelas y ayudar así con las comidas. Yo le dije a Cindy que me gustaría comprarle un juguete también, pero ella me explicó que el niño era ahora el cabeza de familia después de la muerte de su padre, y que regalarle un juguete sería un insulto. El niño había escogido una caña de pescar para poder alimentar a su familia, y se me encogió el corazón pensando en la enorme responsabilidad que había caído sobre sus hombros a la temprana edad de diez años.

Cindy le dio su número de móvil en un papel y le dijo que la llamara para cualquier cosa que necesitara. Estaba sentado frente a mí en la orilla del río y le vi sacar el papel con el número muchas veces esa tarde. En un momento dado le escuché repetir los números despacio una y otra vez y me di cuenta de que estaba memorizando el teléfono de Cindy por si acaso perdía el papelito. Avisé discretamente a Cindy para que mirara lo que hacía y se nos saltaron las lágrimas a las dos viendole memorizar el número que podría ayudarle cuando tuviera una emergencia.
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El sol se puso pronto en el horizonte y le preguntamos al niño cómo iba a volver a casa. Nos dijo que caminaría hacia la montaña solo, y por supuesto insistimos en que nos dejara llevarle en la furgoneta. Mientras conducíamos por las sinuosas carreteras hacia su pueblo, no podía dejar de pensar en él haciendo ese viaje, andando, cada vez que necesitara ir a la ciudad. Cuando acabó la carretera subimos por un escarpado camino y unas escaleras hasta que al fin llegamos a su casa de madera a la orilla de un río.
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Mientras el niño nos hablaba más sobre su madre, que se había ido, y sobre la noticia de la muerte de su padre, empezó a llorar de nuevo. Trataba por todos los medios de no llorar, pero era obvio que luchaba entre ser el niño asustado que necesitaba ser consolado que era, y el valiente cabeza de familia de su hogar. Muy triste todo.

Hicimos todo lo posible por asegurarle que había gente que le ayudaría si necesitaba cualquier cosa. Su soledad era tan cruda que dolía mirarle a los ojos. Al final pudo controlar su llanto y muy, muy a regañadientes llegó la hora de decir adiós.
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Cindy con nuestro nuevo amigo

Nuestro chofer nos dijo que no era seguro conducir por las carreteras de tierra de la montaña en completa oscuridad, así que lo único que podíamos hacer en ese punto era coger la dirección de su pueblo (que ya sabemos que no tiene servicio de correos). Fue muy duro decirle adiós, preguntándonos qué le depararía el futuro a este niño tan listo, amable y responsable. ¿Podría de algún modo estudiar e ir a la universidad? ¿O por el contrario dejaría de ir al colegio para trabajar en el campo? ¿Habría algún modo de que el dolor y la nostalgia de ver a sus padres, tan claro en su rostro, pudieran ser mitigados?

Mientras bajábamos desde su pueblo a la carretera donde estabamos aparcados, estuvimos en un completo silencio pensando cuánto necesitamos todos a la gente de nuestras vidas, cuánto necesitamos de su apoyo y de su aliento. La vida puede ser muy dura cuando te sientes solo, y por supuesto pensé en los niños que habían decidido suicidarse en Guizhou tan sólo unas semanas antes, cuando la dureza de estar sólos les supuso más de lo que podían aguantar.
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Cuando nos alejábamos de su pueblo traté de visualizar el hecho de que hay 60 millones de niños "dejados atrás" en las áreas rurales. He conocido multitud de niños en mis viajes a los que he querido dar las mismas oportunidades que tienen mis hijos -que tengan comida suficiente para alimentarse, que tengan ropa de abrigo y no pasen frío, que tengan la oportunidad de estudiar, y por supuesto que pudieran tener siempre a alguien con ellos. Sñe que las complejidades de sus situaciones pueden hacer que ayudar no sea fácil muchas veces. Pero también sé gracias al trabajo que llevamos haciendo durante doce años, que ayudando a un niño cada vez se puede conseguir el impacto más profundo.

Cada niño cuenta. Ese ha sido el lema de LWB desde que lo creamos, y seguiremos haciendo todo lo que podamos para cambiar las vidas de aquellos que más necesitan ayuda.

Hoy quiero dar mis más profundas gracias a todos los que hacéis posible nuestro trabajo. De verdad que no podemos hacerlo sin vosotros.

~Amy Eldridge, Chief Executive Officer

3 comentarios:

sandra ferrer gelabert dijo...

Qué historia tan ejemplar, gracias por compartirla

Opiniones incorrectas dijo...

Es estremecedor... Espero que a este pequeño le vaya bien en la vida.

Fundacion LWB - Amor Sin Fronteras dijo...

Sí, es muy duro

Gracias por comentar y por pensar en él.