15 jul. 2017

El viaje de Amy

Hoy empiezo otro viaje para visitar los programas de LWB, esta vez me dirijo a Camboya y a China. Me llevo enormes bolsas llenas de artículos escolares donados y no he parado hasta tener todo bien organizado, algo que imagino que muchos de vosotros habéis vivido cuando preparábais un viaje internacional.



He impreso docenas de páginas Excel para cada sitio que voy a visitar, con fotos de los niños y sus nombres, edades y circunstancias. Las leo y releo por la noche intentando memorizar cada carita y cada situación para asegurarnos de que estamos haciendo todo lo que podemos por ellos. Qué ganas tengo de llegar y ver en persona los programas que vosotros habéis ayudado a levantar y a los niños cuyas vidas estáis cambiando.

El adorable Reggie con su pierna recién curada.
Avery, cuya fisura labial será operada por nuestro equipo en el próximo viaje médico.
La pequeña Sabrina de nuestro programa escolar que tiene el brazo escayolado porque se lo rompió hace poco.
Cientos de niños camboyanos que han llegado hasta mi corazón.

Cuando LWB empezó a trabajar en China, enseguida fuimos conocidos por nuestro trabajo ayudando a los niños físicamente. Con operaciones quirúrgicas, nutrición y casas de curación... seguimos haciendo todo lo que podemos para ayudar a que niños y niñas con necesidades médicas reciban la ayuda que merecen. Es la piedra angular de lo que hacemos.

Por supuesto, enseguida nos dimos cuenta trabajando con los orfanatos de China que la curación emocional es igualmente necesaria y así fue cómo empezamos a trabajar la acogida familiar, trasladando a los niños abandonados del orfanato a hogares terapéuticos y amorosos.

Cuando empezamos nuestro programa de acogida familiar en Camboya, en principio era sólo para los niños huérfanos, pero muy pronto las autoridades nos empezaron a pedir que ayudáramos a los niños que habían sido traficados y gravemente abusados. A lo largo de la zona fronteriza, estas situaciones son trágicamente muy reales.

Me siento muy agradecida a todos los que habéis apoyado el programa de Refugio Seguro, ya que en muy poco tiempo hemos podido recibir a 14 niños que han pasado por lo peor imaginable. La lista con sus casos fue la última que imprimí anoche, porque aún no he llegado al punto donde pueda leer sus historias sin partírseme el corazón. Sé que es ridículo siquiera decirlo, porque son estos niños los que lo han VIVIDO, y no yo, y aún así soy una adulta del otro lado del océano luchando por poder escuchar su realidad.

Imprimí la foto de un grupo de hermanos que acabamos de aceptar en nuestro programa de Refugio Seguro. Su foto de ingreso me persigue. Cuatro hermanos y una hermana, de edades desconocidas. Están mirando a la cámara con una mezcla de desafío y agotamiento, y podéis ver el peso que lleva el hermano mayor en sus hombros para proteger a sus hermanos pequeños (No mostramos nunca los rostros de los niños de este programa para protegerlos)
Me cuesta mucho ver esta foto porque, por supuesto, me recuerda a mis propios hijos... mi hija más pequeña de China y sus cuatro hermanos mayores. Pero tristemente sé que los niños de la foto que tengo en las manos han pasado por lo que ningún niño debería pasar nunca. Trauma, inanición, abuso severo. Es muy difícil siquiera pensar en ello ¿verdad? Las cosas que los adultos pueden hacer para dañar a un niño.

Dentro de unos días podré conocer a la pequeña Evie en persona, cuya edad hemos estimado en cuatro años, y a sus luchadores hermanos que, comprensiblemente, tienen toda la razón del mundo para creer que no se puede confiar en los adultos. Nos reuniremos con nuestro equipo local para discutir los pasos necesarios para curar no sólo físicamente sino emocionalmente también, a este grupo de niños cuyo cuidado está totalmente a nuestro cargo. Tantos niños preciosos y vulnerables que se merecen tener la oportunidad de encontrar la esperanza real.
Siempre que viajo para LWB me repito la misma oración antes de salir: Que los niños que más nos necesitan se crucen de algún modo por nuestro camino. No tengo suficientes palabras de agradecimiento para vosotros por haberos unido a los proyectos que hemos iniciado alrededor del mundo. Sé que algunas veces puede ser algo confuso el seguirlos todos (a veces muy confuso sin la ayuda de un diagrama impreso!), pero con cada nueva colaboración local que hacemos en nuevos países, nuestros principios siguen siendo los mismos:

Proporcionar la ayuda más amorosa y empática posible a los niños y niñas huérfanos y sin recursos, y mostrar al mundo que cada niño o niña, independientemente de sus necesidades, merece saber lo que es el amor y ser tratado o tratada con dignidad.

Os damos las gracias de corazón por hacer posible esta visión. Tengo muchas ganas de compartir con vosotros más a mi vuelta.

~Amy Eldridge, Chief Executive Officer

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