3 jul. 2014

Indefensos

Mi primera nieta nació la semana pasada con una cabecita llena de pelo negro y la carita más linda y dulce. Tuve la enorme fortuna de poder estar en la sala de partos y en un momento dado, me quedé quieta, completamente fascinada pensando en el incontable número de mujeres que, a través de los siglos, han pasado por el ritual de dar a luz para traer una nueva vida a este mundo.

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Cuando Naomi nació el alborozo en la habitación era inconfundible. Hubo lágrimas de alegría, risas y sonrisas, y cuando pude coger a mi nieta por primera vez, me inundó el asombro y la maravilla pensando en lo chiquitita que era. Era una niña absolutamente indefensa, y enseguida pensé que los recién nacidos dependen por completo de las personas que les rodean. No pueden sobrevivir sin un adulto que los vigile.

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No sé si fue por el pelo tan negro que tenía pero de pronto mi mente estaba en China, pensando que a mis dos hijos pequeños les habían dejado en las calles al cabo de las horas de haber nacido. Por supuesto ya sabía eso por sus expedientes de adopción, pero de pronto se me encogió el corazón al golpearme la realidad de que mis niños habían sido dejados en las calles cuando eran tan tan chiquitines e indefensos como el bebé que ahora tenía en mis brazos. Tuve que respirar hondo para que se me pasara. Es, por supuesto, la parte de la historia de sus vidas que más dolorosa me resulta.

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Sé que las posibilidades de que mis hijos sepan alguna vez las circunstancias exactas de sus nacimientos son mínimas, y por eso es comprensible que dejemos fluír nuestra imaginación. Mientras estaba en la habitación viendo toda la alegría e ilusión por el nacimiento de Naomi, me pregunté en qué momento exacto después del parto alguien puso a mi hija pequeña en la cesta donde fue encontrada más tarde. ¿Esperaban sus padres un niño varón? ¿Sabían de antemano que no se la podrían quedar si era una segunda hija? A todos nos gusta pensar en los nacimientos como momentos de alegría, pero por supuesto, hay muchas veces donde en lugar de eso es el dolor el que llena la sala de partos. ¿Pudo la madre de Anna cogerla en brazos? ¿O fue algún familiar el que se la llevó rápido de allí? Probablemente nunca lo sabremos, pero qué emociones tan distintas hubo seguramente en su nacimiento comparándolas con las que hay en el de mi nieta.

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Mi hijo pequeño también estuvo completamente solo inmediatamente después de su nacimiento, y sus documentos implican que fue dejado por la noche. Me rompe el corazón pensar en él con tan solo unas horas de vida y solo en la calle. Pero en el caso de mi hijo tiendo a pensar que la "causa" de su abandono está más clara, ya que nació con parte del brazo faltándole. Cuando imagino su nacimiento me pongo realmente triste, ya que pienso que sus padres deberían haber sentido mucha alegría si hubieran sabido con tiempo que su hijo era varón, y me pregunto lo rápido que todo cambió cuando les dijeron que su brazo había quedado amputado en el útero. Me gustaría que pudieran verlo ahora. Desearía que pudieran ver todo lo que puede hacer con una mano, desde montar en bicicleta hasta nadar como un pez pasando por ganar a todo el mundo con su Xbox. Pero en lugar de eso, casi inmediatamente después de su nacimiento fue sacado fuera en la noche y dejado solo en la calle. Nada de lo que haga podrá cambiar nunca la realidad de su nacimiento.

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Esta es la dicotomía de la adopción ¿no es verdad? El yin y el yang. Nosotros, como padres adoptivos, vivimos la maravilla y la fascinación de criar a nuestros hijos mientras imaginamos en silencio el dolor y la tristeza de la familia biológica que, o no pudieron o no quisieron quedarse con su hijo. Y por supuesto los adoptantes en China sabemos que las posibilidades de saber algún día la verdad real de lo que sintieron cuando tomaron esa fatal decisión son extremadamente difíciles.

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Después de once años trabajando en China sé ahora que todos y cada uno de los niños tiene su propia historia de cómo acabaron en un orfanato, pero no podemos obviar el hecho de que cada abandono conlleva una pérdida real para el niño, independientemente de su edad. Una herida en el corazón. Nosotros, como padres adoptivos, sentimos a menudo la pérdida también ya que amamos a nuestros hijos tanto que desearíamos haber podido estar allí para mantenerlos a salvo desde su primer día, para ver su primera sonrisa o para celebrar sus primeros pasos. Y después está, por supuesto, la enorme pérdida de los padres biológicos ya que por lo general no suelen tener forma alguna de saber qué fue lo que pasó con su hijo. En muchos casos tan solo dejan a su hijo y se marchan. Nunca tendrán la oportunidad de ver en quién se han convertido los hijos que trajeron al mundo.

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Alegría y dolor. Gratitud y arrepentimiento. Nuestras vidas están interconectadas aún si nunca nos conocemos en persona. ¿Cuantos de nosotros comprendíamos realmente lo compleja que es la adopción cuando nos involucramos por primera vez? Yo desde luego no. Y aún así, doy gracias cada día que puedo ser parte de ella, ya que la adopción ha cambiado mi corazón y mi ser en formas que nunca habría imaginado. Ha abierto mi corazón a las necesidades de los niños de todo el mundo. Ha acentuado mi compasión hacia la gente que tienen que tomar decisiones que nunca habrían imaginado tener que tomar. Me recuerda infinitas veces que cada día que estamos con nuestros hijos, es un día para atesorar.

Así que cogeré a mi nieta en brazos y me asombraré pensando en el precioso milagro que es mientras siento una profunda gratitud por haberseme permitido de algún modo, tener el privilegio de poder criar a dos niños nacidos de mujeres del otro lado del mundo. Qué extraordinario sitio es el mundo y qué cura de humildad nos muestra.

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~Amy Eldridge, Chief Executive Officer

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