7 jul. 2014

Menos de infinitas posibilidades

Cuando nace un niño, su vida está llena de posibilidades. Puede crecer y convertirse en lo que quiera. Puede ser profesora, científica o incluso presidenta del gobierno. Puede dirigir la ONU o ser la próxima Apple. No hay límites a su potencial.

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Cuando se va haciendo mayor, se va viendo que es mejor en unas cosas que en otras. Cuando empieza el colegio quizá le cuesta aprender a leer o a entender la idea de restar, sus infinitas posibilidades de futuro se reducen. Ahora quizá pueda ser ingeniera o trabajadora social.

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Todos los niños siguen un camino en la vida. Poco a poco, sin que nosotros los padres nos demos cuenta, la infinidad de posibilidades abiertas ante nuestros hijos empiezan a reducirse hasta que el niño es adulto y, de alguna manera, son de pronto mayores, con su carrera elegida, manteniendo una relación, con su vida ya encarrilada. Es un proceso de poda suave que va dando forma a la vida.

Pero ¿qué pasa cuando una granada de mano estalla y torpedea ese suave proceso de ir podando las posibilidades infinitas hasta darles la forma de un camino en la vida? ¿Qué pasa cuando a tu hijo no sólo le cuestan las multiplicaciones o la gramática sino que ha sido además diagnosticado con una condición médica que limitará de forma significativa su vida o incluso la acortará?

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Estar en el mundo de la adopción de niños con necesidades especiales me hace preguntarme muchas veces cómo puede una familia elegir adoptar a un niño con una enfermedad que limita o amenaza su vida. ¿Cómo toma un padre esa decisión? ¿Cómo levantas la mano y dices "yo lo hago"? ¿Cómo haces las paces con la idea de que tu hijo NO tendrá las infinitas posibilidades que el resto de los niños de tu alrededor sí tienen?

Yo no lo entendía hasta que una de nuestras hijas fue diagnosticada con algo que limitaría su vida. Al principio te quedas anonadada. Después no te lo crees y lo dudas. Luego te enfadas ante tamaña injusticia, porque tu hija es especial y se merece mucho el poder crecer y correr y alcanzar todo su potencial. Y luego despiertas y te das cuenta de que tienes que encontrar un modo de seguir adelante, juntas.

Después de mi anonadamiento, de mi incredulidad, de mi rabia, recordé el hilo rojo.

Un hilo rojo invisible contecta a aquellos destinados a encontrarse, a pesar del tiempo, el lugar o las circunstancias. El hilo puede estirarse o enredarse, pero nunca romperse. ~Antiguo proverbio chino.

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Puede que el hilo rojo gobierne algo más que personas y relaciones en nuestras vidas. Quizá el hilo rojo gobierne nuestro destino. Quizá cuando nació mi hija, realmente no tuviera infinitas posibilidades ante ella; ella tenía un único destino que incluía este diagnóstico. Quizá era solo yo la que veía las infinitas posibilidades porque su único destino verdadero todavía no estaba claro. 

Y cada día que pasa, su destino se hace un poco más claro.

Y no es menos, es sólo distinto.

Quizá el hilo rojo no sólo quiso que fueramos familia sino que yo pudiera guiarla a través de los retos de su vida. Es una parte tanto de su destino como del mío.

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Así pues, ¿cómo sigues adelante? ¿Cómo eliges ser el padre de un niño con un diagnóstico que limita su vida? Sencillamente lo haces

Seguimos teniendo que hacer la colada, tenemos que dar de cenar y de comer, los niños tienen que acostarse. Sigues adelante, pero ya no eres la misma de antes. También hay cumpleaños, se ganan partidos y llegas a la cima por primera vez.

Ahora consideras cada día bueno como un regalo e intentas saborearlo un poquito más que antes. Saber que las posibilidades de tu hija ya no son infinitas, te hace atesorar aún más las pequeñas cosas.

Y te hace enseñar esto a tus hijos... a todos ellos.

~Una madre más.

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