18 may. 2016

De fisura labial a Kaifeng. 1ª parte

Llegó el día.

CME2016 holding hands
Un sin fin de citas, de días de preparación y de horas sin comida ni agua. El día de tu operación ha llegado.

Después de una noche con el sueño agitado, tu cuidadora te acompaña al centro médico. Los restaurantes gritan tu nombre según los vas pasando, porque tu estómago ruega ser llenado. Llegas al hospital y te desabrochas el cinturón de seguridad sin pensarlo. La cuidadora te lleva al mostrador de ingresos y la recepcionista te habla. Ruido blanco. Tu respuesta catatónica le satisface y te sientas imaginando el quirófano. Esperando. Estás satisfecho, concentrado y sereno.


Alguien dice tu nombre y te pide que te cambies para ponerte una bata de hospital que no te queda bien. Las enfermeras te saludan. Ruido blanco. Te sientas. Bloqueado. Aturdido. Tranquilo. Te ponen las vías y la anestesista te pregunta cosas. "Estás en buenas manos." "¿Tienes alguna pregunta sobre lo que te vamos a hacer?" "Todo va a ir bien." Entra tu cirujano. "¿Cómo te encuentras?" (¿Qué cómo me encuentro?! Tú estarás despierto todo el rato. Confía.)

Alguien te lleva hasta el quirófano. Luces cegadoras, pitidos, aparatos y mascarillas. Te tumbas; tu cuidadora te coge más fuerte la mano, sin soltártela. Pitidos. Mascarillas, brazos y tubos te rodean. Una mascarilla de gas te tapa la cara. Pitidos. Confía. "Esto hará que te sientas algo adormilado." "Respira bien y tranquilo ahora." "Cuenta hasta 100." 1, 2, 3. Los brazos se te duermen. Pitidos. 4, 5, 6. El cuerpo abandona la mente. Pitidos. 7, 8, 9. Confía. Pitidos. 10, 11, 12. Luz. 13, 14, 15. Oscuridad.
CME2016 another surgery begins 4.19.16
Desde que nací, he pasado ya por veinte operaciones. Mis padres han perdido literalmente la cuenta. Nací con una fisura labio-palatina severa, y es algo que recuerdo todos y cada unos de mis días. He conocido a docenas de médicos y ya ni me acuerdo de todos los procedimientos que me han aplicado, ni cuándo, ni quién ni dónde.

Mi cirujano, el Dr. Chris Tolan, siempre ha destacado. Al igual que yo, el Dr. Tolan nació con una fisura labial. Él sabe, y yo nunca he tenido problemas para confíar en él.

Nuestra rutina incluye nuestras citas anuales. El Dr. Tolan se ha recorrido el mundo colaborando en un montón de viajes médicos. En una de nuestras citas anuales me pudo la curiosidad. Le pregunté sobre cómo implicarme. Sabiendo lo afortunado que soy porque tengo acceso a cuidados médicos de la mejor calidad, tenía, y todavía tengo, un profundo deseo de devolver lo que se me ha dado.
CME2016 surgeons 
El Dr. Liu y el Dr. Tolan

A través de Love Without Boundaries pude recaudar los fondos suficientes para unirme al equipo. No habiendo salido de mi país nunca antes, me vi envuelto en un torbellino de preparaciones y me olvidé de las emociones que muy pronto surgirían. El día 15 de abril de 2016 me subí a un avión rumbo a China.

En cuanto llegué a Beijing me di cuenta de que el contraste era abrumador. Coches adelantando por la derecha, contaminación, váteres sin tazas... todo era nuevo para mí. Me sentí aturdido y desesperado por encontrar algo familiar. Milagrosamente logré registrarme en el hotel y de algún modo logré cambiar algunos dólares por yuanes. El resto del equipo llegó poco después que yo, y me sentí muy aliviado de poder escuchar inglés. Pasamos la noche en Beijing; cenamos y dimos una vuelta rápida por las tiendas de alrededor. Había dos cosas sobre las que no podía dejar de pensar: los pacientes que conocería al día siguiente y todo lo médico por lo que iban a pasar.

Al día siguiente, después de un viaje en autobús, otro en tren de alta velocidad y de nuevo en autobús, llegamos a nuestro hotel de Kaifeng. Nos registramos lo antes posible y salimos pitando hacia el hospital. Nuestro conductor de autobús se manejó de forma muy astuta por las calles logrando esquivar el tráfico de la hora punta, y llegamos al fin. Me quedé estupefacto. Estupefacto en plan boquiabierto. Realmente no sabía qué esperar, pero los pantalones abiertos por el culete de los niños fue una absoluta revelación y tan sólo una de las muchas diferencias culturales que me impresionaron.

En cuanto logré cerrar la boca, que la tenía hasta el suelo de abierta (el suelo estaba limpio, mamá), empezamos las rondas con los pacientes. Me convertí en la sombra de todo el personal médico, con muchas ganas de conocer a los niños. Me di cuenta enseguida que había dos idiomas que debía tratar de comprender: el chino y el médico. Otra vez me sentí abrumado.

Entonces conocí a Joy.
Cuando me la presentaron ella se mostró, comprensiblemente, cauta. Yo tenía el pelo rubio, ojos azules y hablaba inglés: un alien a sus ojos. Me acerqué a Joy y a su cuidadora y les enseñé una foto mía de cuando era un bebé.
La cuidadora encontró consuelo según trataba de contarles mi historia. Usando distintos gestos, expresiones y con un nivel de chino muy básico, logró entender que, al igual que Joy, yo también nací con fisura labio-palatina. Durante todo el rato Joy nos miraba, con interés pero todavía recelosa. Ella podía ver que yo sabía. No pasaron veinte minutos y ya éramos inseprables. Pintamos juntos, paseamos por los pasillos e inflamos los suficientes globos como para cubrir un mes de fiestas de cumpleaños.

No me hacía falta saber chino para conectar con Joy. Da igual la historia pasada, la etnia o el país de orígen, los niños son niños.

Después de conocer a más pacientes y cuidadoras, me aventuré hacia el quirófano. Según me iba acercando a las puertas cerradas, observé que había un buen número de cuidadoras esperando con ansiedad, saber el estado de sus niños. Mi menté proyectó de inmediato la imagen de mis padres en la habitación y pensé en las emociones que sin duda estaban sintiendo. Me senté al lado de cada una y les mostré mis fotos de niño, y las de mi familia.
Se quedaron impresionadas con mi "baba" y mi "mama", y de que tuviera tres "mei meis" (hermanas pequeñas). Les expliqué que el cirujano que me había ayudado a mí era el mismo que estaba ayudando ahora a sus niños. Ví cómo el alivio transformaba sus caras y desde ese momento, empecé a contar mi historia a todas las cuidadoras que pudiera. Era lo menos que podía hacer. Sin mencionar que nunca he recibido abrazos más genuinos que los que me dieron.

Cuando entré en el quirófano me encontré satisfecho, concentrado y sereno. Ya había pasado por eso.
(La segunda parte del blog de Nick sobre sus experiencias en el Viaje Médico 2016 se publicarán mañana)

~Nick Donovan es Asistente de la Coordinadora de Fisuras de Love Without Boundaries

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