11 sept. 2016

Uganda: 3ª parte

¿Habéis bebido agua hoy? ¿Y os habéis duchado? ¿Os habéis parado a pensar cómo sale el agua del grifo? He de reconocer con gran vergüenza que antes de mi viaje a África daba el agua por sentada. Es posible que estos blogs que estoy escribiendo no te interesen mucho, pero me gustaría que después de leer este te pararas un minuto a pensar en la enorme suerte que tienes, que tenemos la mayoría, por tener tanta agua en abundancia.

En cuanto pisé Uganda me di cuenta de que había un objeto por todas partes que veías en cualquier dirección que miraras: unos bidones amarillos de plástico llamados jerry can. No puedes ir a ninguna parte sin ellos ya que contienen algo que es lo que nuestros cuerpos más necesitan: AGUA.
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Es probable que sepas que las personas pueden vivir más de tres semanas sin comer nada en absoluto, pero menos de una semana si no se bebe agua. Y tristemente, en muchas partes del mundo el acceso al agua potable es muy escaso.

Ya me habían dicho que los niños del pueblo Karukoba tenían que andar muy lejos para coger agua todos los días. Sabía también que para los niños más pequeños, las mujeres ancianas o las muy embarazadas el llegar hasta allí podía implicar hasta cuatro horas de sus días. TODOS los días. Pero también sabía que una cosa era escucharlo y otra muy distinta vivirlo.

Así que les pedí a nuestros amigos del pueblo si podía acompañar a los niños a coger agua después de clase. No tenía ni idea de lo que iba a encontrarme, pero creo que los adultos del pueblo empezaron a apostar sobre si los dos extranjeros ibamos a aguantar o no el camino al valle y luego a la montaña. Como nuestra directora en Beijing Cindy Wu era la primera persona de China en hacer el camino y yo era la primera estadounidense en bajar al valle, deseé con todas mis fuerzas que lo consiguiéramos para dejar el pabellón de nuestros respectivos países bien alto. Intenté no tomarme como algo personal el que me dieran una "garrafa para niños", pero es que estaban convencidos de que nunca lo lograría con una garrafa de tamaño normal.
 
El bidón de 20 litros es el tamaño habitual para una persona
Salimos a las 5:05 de la tarde ese día, lo que nos daba tres horas de luz todavía. En cuanto empezamos a bajar el camino de tierra, empezamos a encontrarnos con niños que volvían de la fuente. Me dijeron que un bidón de 20 litros pesa mucho cuando está lleno y aún así, casi todos los niños con los que nos cruzábamos llevaban uno sobre sus cabezas.
En cuanto un niño aprende a caminar, aprende a llevar agua. Mis nuevos amigos no hacían más que decírmelo una y otra vez "Sin agua... no hay vida".

Según bajábamos por el camino, intentaba fijarme por donde pisaban los niños que iban delante de mi para poner mis pies en el mismo sitio y no caerme. Intentaba también ponerme en su piel e imaginarme haciendo este mismo camino todos los días del año, dos horas por la mañana y dos horas por las tardes. Me entristecía mucho saber que muchos niños van cuando es de noche y tienen que confiar en la luz de la luna para ver el camino. Como casi ninguna casa del pueblo tienen relojes, los niños se despiertan con el canto del gallo, y si un gallo canta por error a las 3 de la mañana, los niños se despiertan igualmente y se ponen en marcha hacia el camino, sin saber en realidad qué hora es. Me dijeron que era bastante habitual encontrarte niños durmiendo en la fuente por haber llegado allí antes del amanecer.
Me contaron muchas historias de niños que se habían caído colina abajo. De hecho, en el pueblo tienen un sonido de tambor especial para indicar que alguien se ha herido recogiendo agua, y que avisa a los vecinos para que vayan a ayudar. Si alguien se ha roto una pierna, por ejemplo, para que le lleven en una camilla de ramas hasta su casa. Muchos niños me mostraron las cicatrices de sus cuerpos que se habían hecho por caídas y heridas varias en el camino. En la estación de lluvias el peligro aumenta exponencialmente porque la tierra del camino se convierte en un barro resbaladizo.
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La falta de acceso al agua tiene implicaciones para todo el pueblo. La gran cantidad de tiempo que las mujeres y los niños gastan cogiendo agua, hacen que no puedan estar en el colegio o realizando actividades que generen ingresos. También limita el número de comidas que un niño recibe a una al día. Muchos niños se tienen que levantar antes de las 5 a.m. para ir a por agua, volver a casa con sus bidones llenos para la familia, y luego hacer el camino opuesto para ir al colegio. No hay tiempo para el desayuno, así que empiezan la jornada escolar con mucha hambre, a menudo por no haber comido nada desde el almuerzo del día anterior.
 
El pequeño Melvin
A menudo hay peleas en la fuente, ya que los niños mayores empujan a los pequeños para quitarles del camino y poder así volver a casa antes y llegar al colegio a tiempo. Si llegas tarde al colegio público que está muy lejos del pueblo, se te castiga severamente, y por eso, tener que esperar en la cola para llenar tu bidón es algo que puede ser muy estresante.
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La ONU ha establecido que son necesarios un mínimo de 40 litros de agua por persona y día para tener salud y sobrevivir. En esta región, 20 litros al día es el objetivo. Los niños pequeños que llevan bidones de 5 litros, deben realizar cuatro viajes a la fuente para conseguir esa cantidad. El ciudadano estadounidense medio usa unos 378 litros por persona diarios.

 
Julius, de siete años, listo para la subida
 
Innocent y sus amigos con sus bidones llenos.
 
Muchos van descalzos a por agua
Tardamos una hora más o menos para bajar la montaña y llegar al valle donde está la fuente, y luego otros 20 minutos para llenar nuestros bidones. Se nos estaba haciendo tarde para poder volver antes de que oscureciera, así que los niños me dieron mi "bidón para niños" (que pesaba unos 5 kilos) y empezamos a subir.

 
La hermana de Innocent llevaba una calabaza hueca para llevar el agua
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Subiendo con un bebé a la espalda
Subimos la colina durante unos 30 minutos y tengo que admitir que estaba jadeando fuerte, no sólo por el esfuerzo físico sino también porque no había bebido nada de agua en todo el día. Cuando los niños pensaron que debía descansar, me alegró mucho poder dejar en el suelo mi bidón. Nos sentamos en la ladera de la montaña, viendo un precipicio cerca y, mirara donde mirase, veía gente subiendo y bajando de la montaña para coger agua.
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Una parada para que la extranjera pudiera descansar
Cuando estábamos sentados y contemplando el paisaje, decidí poner algo de música de mi móvil, y parece que a las chicas adolescentes de Uganda les gusta tanto One Direction como a mi hija en Florida. Me encanta cómo la música nos une a todos aunque no hablemos el mismo idioma.

 
Risas
La siguiente canción de mi móvil era "Moves Like Jagger" de Maroon 5, y algo en el ritmo hizo que Julius, de siete años, saltara de pronto y se pusiera a bailar. Este niño me preocupaba desde que le conocí, ya que estaba dolorosamente delgado y tenía heriditas abiertas en su cabeza. Pero ¡guau! Cómo bailaba! Fue un momento muy surrealista, estar en una colina en Uganda, en el camino a recoger agua, y ver alegría pura moverse con una canción desconocida.

La parada para mi descanso en la montaña nos estaba robando un tiempo precioso y el sol empezó a ponerse, así que una vez más, cogimos nuestros bidones y empezamos a subir. Dos horas y 45 minutos después de haber empezado el camino, llegamos al pueblo. Creo que estoy en bastante buena forma porque hago ejercicio todos los días, pero esta subida fue agotadora. Y a pesar de estar encantada de haber llegado al fin, enseguida me di cuenta de que sólo habíamos cogido el agua suficiente para la noche y que al día siguiente por la mañana, los niños tenían que repetir el camino de nuevo.
Ahora que ya estoy en casa me he leído todo lo que he podido encontrar sobre el problema del agua, y he encontrado esta cita en un informe de la ONU:

El agua es vital para la existencia social y económica de la humanidad. No tener acceso a agua potable es una forma de deprivación que amenaza la vida, destruye oportunidades y socava la dignidad humana.

Y es verdad. Una verdad amarga. Y más amargo es saber que ha habido ONG que se han gastado miles de millones cavando pozos en África que se han deteriorado al poco tiempo. Algunos investigadores han informado de que más de la mitad de los pozos excavados en África no funcionan por tener partes rotas, por corrosión y tuberías perforadas. No es suficiente llegar, excavar un pozo y marcharte.

El acceso al agua es un problema vital para muchos pueblos de África y por eso necesitan soluciones a largo plazo y sostenibles. Cada vez más y más organizaciones están estudiando la recogida de agua de lluvia, así que mientras nosotros investigamos la posiblidad de pozos, también estudiamos la instalación de grandes tanques de plástico que puedan colocarse en las cuatro esquinas de la nueva escuela propuesta para poder recoger cada gota de la preciosa agua que caiga del cielo.

Tiene que haber una solución para ayudar a que los niños de este pueblo tengan el agua que necesitan para vivir.
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Innocent ya ha comprado un tanque de plástico para recoger agua de lluvia
He hecho un vídeo (que puede verse aquí, en este enlace de YouTube) de algunos de los niños que nos encontramos en el camino a por el agua. Sé que hoy día no es muy frecuente que la gente vea un vídeo de cuatro minutos de largo, pero me gustaría que lo hiciérais aunque, lógicamente, no sea profesional. Espero que veáis sobre todo la última parte, donde dos hermanas se ayudan la una a la otra a bajar el camino y así veáis lo fácil que es que un niño pequeño pueda caerse y hacerse daño.

Desde que he vuelto a casa no hago más que mirar la cantidad de labavos y pilas que hay en casa y siento un dolor profundo, y vergüenza de haber dado por sentado el agua corriente siempre. En este mismo momento miles de niños en Uganda están, una vez más, subiendo y bajando la montaña, llevando bidones amarillos en sus cabezas y buscando este recurso tan esencial.

Sin agua, no hay vida. Sin agua, no hay vida.

~Amy

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